Indicar el lugar donde algo pueda suceder. Quizá sea esta una de las tareas políticas más importantes de nuestros días, illness preparar el terreno para otra vida posible.
La socialización que el capitalismo postfordista nos ofrece, es un ámbito descompuesto dedicado exclusivamente a la ardua tarea de disciplinar nuestros cuerpos. Lo mismo que antes hacía el trabajo, pero ampliado ahora a todos y cada uno de los espacios y tiempos de nuestra vida, incluido, por supuesto, el tiempo libre. En esta forma de socialización, el consumo es el modo de producción contemporáneo. Un modo de producción que toma como materia prima nuestra propia existencia, la tuya y la mía, la de todos. Negarse a pasar por el aro no es fácil, el aro se ha convertido en el único mundo por el que pasar. Y aún así… Yomango.

Hace ahora dos años se presentó en Barcelona una marca poco habitual. Su nombre Yomango y el estilo de vida que ofrece, como su propio nombre indica, es el Mangoneo; es decir, apropiarse de las cosas que venden las multinacionales sin dinero ni tarjetas, sin ni siquiera pasar por caja.
A primera vista esto pudiera parecer confuso, y hacernos creer que de lo que se trata es de acumular cosas y productos, postergando así, por otros medios, la lógica que el capitalismo impone. Nada más equivocado. Yomango no está interesado en las cosas, sino en lo que pasa entre ellas. El único interés que Yomango tiene por las cosas es hacer que algo suceda entre ellas, forzarlas hasta convertirlas en algo distinto, algo que ya no tenga que ver con esa producción de vida destinada al consumo, sino con la invención de otras vidas posibles.

Es verdad que en el mundo capitalista en el que nos movemos, las relaciones sociales realmente existen como relaciones entre cosas, y que las relaciones entre sujetos realmente existen como relaciones entre objetos; pero también es verdad que cada vez que un niño coge unos dulces de un comercio, sin darse cuenta de que debe pagar por ello, el valor económico como forma de relacionarse con el otro, está en discusión, se convierte en objeto de lucha.
El arte de Yomango consiste, precisamente, en transformar el acto de ese niño en una práctica consciente, en una herramienta política capaz de mostrar que, aunque no podamos existir fuera de las formas capitalistas (de momento), tampoco existimos simplemente como víctimas objetivadas del capitalismo.

Crear es transformar profundamente lo que se recibe, por eso Yomango se sale del círculo cerrado de la producción-consumo, y salta al campo de la reapropiación, de la captura; porque sabe bien que todos los elementos para una vida libre están ya presentes en ésta, que no hay que crear formas nuevas, que tan sólo hace falta cambiar el sentido de las que nos rodean; componerlas de un modo distinto, sólo así daremos con la salida a este laberinto de mercancías infinito. Yomango anda en la búsqueda de esa salida. Casi nada, ¿eh?
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Yomango, Departamento de Mangueting.

Julio 2003. Barcelona.

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