Textos a la medida de tu bolsillo Un rincón para el pensamiento Yomango. Teorías y literatura sacadas de la manga. *** COPYLEFT- Está permitida la reproducción total o parcial de todos los textos siempre y cuando no sea con fines comerciales y este lema sea reproducido.
Hace años, adolescentes de guetos afroamericanos llevaban pantalones caídos porque a sus hermanos en la cárcel, vistiendo ropa estándar de talla grande, no se les permitía usar cinturón. Alguna marca lo comercializó y codificó para que hoy todo el mundo fuera de esos guetos pudiera adoptar un estilo de vestir desenfadado, irreverente, fuera de las normas clásicas.
YOMANGO:
PORQUE LA FELICIDAD NO SE PUEDE COMPRAR.
10 SUGERENCIAS PARA UN ESTILO
1. YOMANGO [de Mango, popularísima firma comercial española de ropa, y el aún más popular acto de "mangar", esconder bajo la manga] es una marca cuyo objetivo principal, como el de todas las marcas importantes, no es tanto la venta de cosas, sino la "adquisión" masiva de un estilo de vida.
2. Atrévete a desear: YOMANGO es tu estilo: arriesgado, siempre innovando. YOMANGO es todo lo contrario de una aburrida práctica activista de reacción: es la proliferación articulada de gestos creativos: no "robamos", sino que "mangamos": hacemos magia, liberamos el deseo, la inteligencia y la libertad cristalizadas en las "cosas" que se ofrecen a la venta. Si YOMANGO tiene una política, es la de ser felices, poniendo el cuerpo por delante. Seamos felices, insultantemente felices. YOMANGO: siéntete guapa.
3. Porque la felicidad no se puede comprar. El estilo YOMANGO, como todas las "novedades" del comercio capitalista, no es propiamente "nuevo". No consiste en la mera "apropiación" legal o ilegal de las cosas, sino en articular y dotar de autoorganización, de objetivos y herramientas, de imaginación, deseo e inteligencia, de una nueva gramática, a la conocida práctica de la "expropiación". El fundamento actual del capitalismo es la producción y reproducción social mediante la explotación de la inteligencia, de la creatividad colectiva. El mercado se nutre de las ideas, de las formas de vida, de las múltiples maneras en que la gente se expresa mediante la palabra, el vestido, los gestos, la sexualidad... El comercio se apropia de tus deseos, de tus expectativas, de tu experiencia, que te devuelve en una forma alienada: ajena a ti, convertida en "cosas" que tú puedes comprar. Comprar tu propia felicidad liofilizada. El estilo YOMANGO propone "reapropiarse", legitimar y extender la "expropiación" de lo que, en efecto, previamente a su conversión en "cosas", pertenece al común. YOMANGO está muy dentro de ti.
4. Se trata de inventar nuevos gestos que, en su repetir, abran nuevos mundos en los que habitar. El popular "mangar", en español, remite etimológicamente a la imagen de obtener las cosas "bajo manga" (ital.: sotto mano), "por debajo de la manga" (manga = ital.: manica). YOMANGO es la producción de herramientas (ropas, complementos, instrumentos...) y gestos cotidianos (comportamientos, acciones...) para vivir YOMANGO. "Comprar" es un ejercicio pasivo, aburrido, alienante, un acto socialmente predeterminado. "Mangar" es una práctica creativa y excitante. "Robar" se entiende como un delito: pero YOMANGO no conoce de legalidades o ilegalidades, sino, en cualquier caso, de un tipo de "legitimidad" que es otra: la que surge de abajo, del cotidiano, del deseo de vivir con libertad creativamente. "Comprar" es un acto de obediencia. YOMANGO es un estilo desobediente. YOMANGO es la mano que, en una danza insumisa explosiva e irreductible, traza en el aire de tu centro comercial el arco del deseo, sin mediaciones: directo del estante a tu bolsillo, sin dinero ni tarjetas. YOMANGO no es robo: la propiedad es el robo.
5. YOMANGO no es el fomento de la propiedad privada por otros medios. No propone la acumulación. Consiste en llevar al extremo la libre circulación de bienes. Potlach!: reaprópiate y haz circular, satisface los deseos y necesidades de tus semejantes. Invita en tu casa a cenas YOMANGO. Regala y viste orgullosamente ropa YOMANGO. Steal this magazine!
6. El mercado ofrece una falsa alternativa, una falsa libertad de elegir entre una u otra vía para destinar tu dinero, tu deseo o tus ilusiones, hacia esta marca o aquella, casi siempre en beneficio del mismo empresario. YOMANGO acomete la libre concurrencia afirmando: la verdadera alternativa es DINERO vs. YOMANGO. El resto es comercio. El resto es trabajar consumiendo. YOMANGO no es trabajo explotable: es una forma extraña de gratuidad mediante la paradoja: dinero gratis.
7. Al igual que el mercado cristaliza tu deseo y tu creatividad en "cosas" comercializables, cosifica, regula y controla tu anhelo de comunidad, de vivir experiencias compartidas, en esos centros y grandes áreas comerciales asépticas que se presentan como los nuevos espacios públicos y que en realidad son un contradictorio engendro: espacios públicos privatizados. En esos lugares, la potencia comunitaria queda regulada induciendo la circulación, los movimientos, los comportamientos, de acuerdo con extraños rituales sobrecodificados. El guardia de seguridad es la nueva figura de aquel viejo cura o gendarme amable y cercano al vecindario que garantiza la ausencia de conflictos, basada en un consenso predeterminado. Un hormigueo humano que atraviesa fundamentalmente ocio y cultura (cadenas de librerías, de cines, restaurantes, comida rápida). Que recorre una uniformidad y asepsia, una abundancia que es la otra cara de la precariedad (azafatas, camareros, la chica que cuida de tus niños en el playground).
YOMANGO libera también la experiencia colectiva de estas nuevas fábricas. Propone salir de las vallas que acotan los caminos establecidos para contradecir las rutinas. Es una nueva vivencia subversiva de los espacios de agregación comerciales. Sentir la libertad de recrear, en ellos, otros usos, otros mundos. Es también, si se quiere, la huelga y el boicot del nuevo precariado social (completa tu salario mediocre arrasando con lo que puedas, llévate ropa de la tienda, come y da de comer gratis, haz la vista gorda cuando entra en tu tienda la gente YOMANGO; promulga en tu cadena un día YOMANGO).
8. YOMANGO te acompaña en cada uno de tus gestos cotidianos, está contigo en tus mejores momentos, esos que no cuestan dinero. Durante el desfile YOMANGO en Barcelona se produjo robo masivo, pero YOMANGO se limitó a hacer visible una situación: mangar forma parte de las prácticas cotidianas de la gente. Si alguien mangó masivamente en Bershka, no fueron activistas ni gente alternativa, como publicaron los medios y la policía: fueron adolescentes atrapadas en la talla 36, y sus madres que tiran de la tarjeta de crédito para comprar ropa de moda a buen precio... o bien la rescatan de la tienda, como en este caso, sin dinero ni tarjetas. YOMANGO sistematiza y organiza prácticas cotidianas. La franquicia YOMANGO en Barcelona realizó talleres clásicos de desobediencia civil adaptados al estilo de vida YOMANGO, así como talleres de creación de herramientas imaginativas y útiles. Encuentros y discusiones, cenas y fiestas, puestas en común.
9. YOMANGO es una franquicia que te montas donde quieres. El estilo YOMANGO es un proceso abierto. Crea herramientas, prototipos y dinámicas que fluyen y proliferan, que esperan ser reapropiadas y circular. Una marca que es de todo el mundo. Que va y viene del común. Y recuerda: YOMANGO, sólo en tu centro comercial.
10. YOMANGO.
¿Lo quieres?...
Lo tienes.
10 STYLE TIPS FOR A MORE YOMANGO LIFE
BECAUSE YOU CAN'T BUY HAPPINESS
1. YOMANGO [Mango is a popular Spanish clothing chain.YOMANGO, in spanish slang means 'I steal'. 'manga' -spanish for sleave, hence 'mangar', to sleave, to steal] is a brand name whos principal objective, as is the case with all important brands, is not the selling of things, but the mass promoting of a life-style. Specifically, the promoting of shoplifting as a form of disobedience and direct action against multinational coorporations.
2. Dare to desire: YOMANGO is your style: risky, innovative. It is the articulate proliferation of creative gestures. YOMANGO is not about theft, its about magic, about the liberation of desire and inteligence cristalized in the "things" offered for sale. If YOMANGO has a politics, it is the politics of happiness, of putting the body first. Be happy, insultingly happy. YOMANGO: feel pretty!
3. Because you can't BUY happiness. Capitalism currently works through the exploitation of collective intelligence and creativity. The market nurishes itself on the ideas, the life forms and the multiple ways in which people express themselves through words, clothes, gestures, sexuality... Commerce appropriates your desires, your expectations, your experiences and gives them back to you, alienated, distant, converted into "things" for you to buy. Buy your own happiness, from concentrates. The YOMANGO style proposes reappropriating, legitimizing and extending the "expropriation" of what is, in effect, previously to its conversion into "things", was part of the commons. YOMANGO, its very much inside of you.
4. Inventing new gestures that, once repeated, open new worlds for us to inhabit. "Buying" is an excercise in passivity. Boring and alianating, it is a socially predetermined act. YOMANGO is a creative and exciting practice. "Stealing" is understood to be a crime, but YOMANGO does not acknowledge legalities or illegalities. More so, it speaks of a kind of legitimacy which comes from below, the legitimacy of daily life, of wanting to live freely, creatively.
Buying is an action based on obedience. YOMANGO is a disobedient style. YOMANGO is the hand, which in an irreducible insubordinate dance, draws an unmediated arch of desire from the stand to your pocket, without money or credit cards
5. YOMANGO is not the propogation of private property through other means. It does not propose accumulation. It consists in taking to the extreme the free circulation of goods. Potlacht!: reapropriate and make circulate, satisfy the desires and necessities of your loved ones. Have people over for YOMANGO dinners. Steal this magazine!
6. The market offers us a false alternative, a false liberty to choose between one way to spend our money or another. Your hopes and dreams be them of one brand or another, almost always benefit the same guy. YOMANGO affirms the real alternative: Its either MONEY or YOMANGO!
7. YOMANGO turns the mall into a playground. These supposed public spaces, where the market commercializes, regulates and controlls our basic wish to live shared experiences, these human antfarms that cross leisure and culture. YOMANGO breaks out of the isles and defies dreary routines.
8. YOMANGO is with you in every daily gesture you make. Its with you during your best moments. Those that don't cost money. YOMANGO systematizes daily acts. In Barcelona, the YOMANGO franchise held civil disobedience workshops adapted to the YOMANGO lifestyle, as well as workshops where imaginative and usefull tools were produced. Also, encounters, discussions, dinners, parties, all for the public to enjoy.
9. YOMANGO is a franchise you can form wherever you want. The YOMANGO style is an open ended process, generating tools, prototypes and dynamics which flow and proliferate, waiting to be reapropriated and to circulate. A brand name that's everyones. That is born from and for the commons. Remember:YOMANGO, only in your closest multinational.
10. YOMANGO.
You want it?
You got it.
[Publicado en el primer catálogo Yomango, primavera-verano 2002]
¿Hasta dónde llega la realidad, cuáles son sus contornos?
Pero, ¿qué realidad?
Hace tanto tiempo que sólo lo recuerdan los más viejos del lugar: los parámetros con que calibrar la realidad de la gente (las diferencias entre vida privada y pública, entre vida cotidiana, tiempo de ocio y curro) estaban bien asentados.
Una de las maneras clásicas de conseguir la felicidad era ésta: espera a la otra vida, encuéntrala en el más allá, siempre y cuando, en ésta, hubieras sufrido lo suficiente.
Poco a poco, una cosa viscosa que se llama Capitalismo lo ha ido invadiendo todo, y ya no sólo puedes comprar la bula papal en Semana Santa ni tienes que esperar a ninguna revolución para ser feliz: gracias al mercado global existe el producto exacto, salvífico y revolucionario, mundial, que necesitas. Y está al alcance de cualquiera. La felicidad se manifiesta de acuerdo con lo que puedas comprar. Ya no hay que esperar al día después del juicio final, de la toma de la bastilla o del asalto al palacio de invierno: gracias al producto o al modo de vida que necesitas, podrás ser feliz, aquí y ahora. En eso, el Capital nos ha resultado más listo, prometedor y convincente que todas las escatologías habidas y por haber, religiosas o políticas.
Desde una esquinita en Manhatan al último pueblito perdido en un país perdido en medio del planeta, siempre que llegue el dinero, podremos adquirir aquello que nos brinde la felicidad, a cambio de seguir engrasando, en este proceso, la rueda de la globalización. Hubo un artista que metió su propia mierda en un bote, y la convirtió en obra de arte bajo el título: "mierda de artista". El capitalismo es más eficaz: ya ni siquiera tiene que cagar: recoge tu propia mierda, tus deseos, tus necesidades, tus experiencias, tu modo de vida: los enlata y te los vende. En realidad siempre ha sido así: el capitalismo ha explotado tu fuerza y tu trabajo; ahora explota también lo que piensas, sientes y deseas. Explota tus pasiones, tu sexualidad, explota el conjunto de tu vida. Explota nuestra inteligencia colectiva.
Vivimos una paradoja cuando, como antiglobalizadores consecuentes, nos autoexigimos menos consumo, y esta lógica autoexigente nos autoimpone un autorrecorte sin límites. Pero, ¿qué significa exactamente vivir sin consumir?, ¿dónde y cómo establecer límites siempre nuevos y más extrictos a nuestros deseos, a nuestra aspiración a la felicidad? ¿Qué significa zafarse de las necesidades artificiales? ¿Necesidades artificiales?: pero, ¿acaso la invitación al consumo (consumo de objetos, pero también, fundamentalmente, de imágenes, de modos y estilos de vida) es tanto más eficaz cuanto conecta con pulsiones de felicidad y aspiraciones a vivir una vida mejor que están en el fondo de nuestros deseos y nuestros sueños?
¡Viva el Mal! ¡Viva el Capital!, aullaba la Bruja Avería mientras con su rayo gripante y fundiente hacía desaparecer las virtudes de la Humanidad, junto con unos seres amables e inofensivos que siempre la miraban con cara de no entender nada: trabajadores precarios, currantes expulsados del trabajo de toda una vida mediante expediente de regulación laboral a traición, gente de bien en general, sollozaban: ¿¡qué he hecho yo para merecer esto!? La mente retorcida que dio vida a Avería, Santiago Alba Rico, nos explicaba después
que la Bruja, cual Marqués de Sade postmoderno e infantil, era una invención perversa en la medida en que no solamente representaba al Mal con mayúsculas, sino que también apuntaba a la necesidad de acabar con la autocomplacencia del pensamiento beatífico. Mientras el Mal y el Capital sigan engullendo y engullendo, las buenas intenciones no conducen a mucho. El infierno, afirma un dicho english, está empedrado de buenas intenciones. No sabemos seguro si existe un afuera del Capital: sí sabemos que el estar dentro nos constituye como sujetos, y que es desde dentro que es posible y necesario gripar la Gran Máquina que todo se lo zampa. Ayer fue necesario organizar políticamente el sabotaje y la desafección al trabajo asalariado: hoy es necesario subvertir el consumo y las lógicas de intercambio económico y acumulación material e inmaterial que a él se asocian. Grandes almacenes, cadenas internacionales, marcas comerciales y franquicias por doquier, especuladores sin fronteras, controladores del Imperio. Aquellos que gestionan al tiempo el exceso y la precariedad: que son dos caras de lo mismo. Dales una patada en el culo cada día, y sé feliz en el acto. Sólo o en compañía, como consumidor o trabajador precario. Con los utensilios adecuados o por la cara. Lo bien hecho, bien parece. Inteligencia colectiva, mala hostia colectiva, gozo colectivo.
Se trata de crear nuevos gestos que, en su repetir, abran nuevos mundos en los que habitar.
Yomango. La felicidad no se puede comprar.
Grandes son los ideales que predica Yomango, valientes y afortunados son muchos de sus seguidores. El sablazo fácil es la consecuencia lógica al merchandaising. Las grandes superficies juegan sucio con la mente humana. Colocan a la altura de los ojos los productos que más quieren vender, nos engañan con músicas placenteras, luces atrayentes, ofertas trampa para que vayamos a comprarles a ellos. Nos envuelven en un espacio amplio y agradable, para que disfrutemos gastando nuestro dinero. Pero cada uno de sus trucos se vuelve en su contra cuando se encuentran con un soldado Yomango. Las altas estanterías llenas de productos dificultan el trabajo de las cámaras de seguridad. La recargada iluminación hace que los guardas de seguridad no noten movimientos sospechosos. La saturación de clientes permite el robo con impunidad.
Al margen de que la finalidad última del Yomango está en la obtención del beneficio propio y la patada en la espinilla a la multinacional, creo que deben considerarse más medidas.
Hay un amplio colectivo de Yomangantes potenciales que no se atreven a dar el paso. Pero que congenian con la causa. No todos pueden ser héroes en esta guerra, pero no olvidemos que son los soldados rasos los que ganan el combate final.Porque no todo es robar. En primer lugar, porque el robo es lo que ellos esperan. Y contra lo que toman más medidas. Tienen al personal de seguridad dedicado al 100% a dicha tarea. Sin embargo, creo que si se diversifican las actuaciones será en beneficio de la comunidad Yomango. Porque si el policía no sólo tiene que pensar en la sección de videojuegos y electrónica, las probabilidades de que falle son mayores. Propongo una serie de actividades alternativas que minen la moral del enemigo y faciliten aún más la noble labor yomangante.
1) Guerra fría. Se consigue un carro de la compra, sin meter moneda. Con un poco de maña es fácil hacerlo, también venden piezas de plástico que sustituyen a las monedas, para los menos manitas. Una vez obtenido el carro de combate, se va llenando de productos de toda índole, contra más variados mejor, y contra más congelados se metan, tanto mejor. Se debe comprar algo de carne y de marisco, de ese que corta el empleado. A las primeras de cambio, se deja el carro abandonado.
Consecuencias para el establecimiento: el descubrimiento de nuestra artimaña se producirá, más tarde que temprano, con las opciones:
a) Todos los productos congelados son para tirarlos. Además, si hemos elegido correctamente nuestra compra, podríamos haber incluidos productos que, cuando el congelado empezara a mojar, se dañen también: paquetes de papel, libros, ropa.
b) Teniendo mucha suerte el establecimiento, tal vez pueda salvar algo, pero ahí tienes a un empleado perdiendo el tiempo en poner todo en sus sitio. Ese empleado, mientras tanto, no está controlando el pasillo de informática o echando un cable al guarda de seguridad.
c) Si el establecimiento opta por mirar las cámaras de seguridad, algo que juzgo casi imposible, no tiene por qué llegar a ninguna conclusión, porque ante todo, lo que se ha hecho no es delito. Es sacar partido de una de las ventajas que ellos ofrecen sobre el comercio tradicional, pues si voy a la tienda de Natalio, tengo que pedirle lo que quiero, y luego pagarlo. Pierdo libertad, cosa que la gran superficie, en su engañoso afán estafador, nos brinda. Y nosotros, haciendo uso de esa libertad, optamos por no comprar en el último momento. Nadie nos obliga a comprar lo que hemos cogido.
d)La proliferación de estas acciones redundará en que el personal esté más atento a los carros que a las personas. Y esas personas, tras aumentar su libertad, pueden dedicarse al intercambio de productos entre el centro comercial, y ellos mismos.
2)Ingeniería militar. Las facilidades de compra que tanto pregonan las grandes tiendas se debe volver en su compra. Que no nos prometan el oro y el moro. Para ello, esta acción es de gran calado. Consiste en comprar un producto de precio considerable, como un video o un equipo de música. No tan grande que suponga una molestia ir a devolverlo. Porque eso será lo que hagamos, devolverlo. Algunos como el Corte I te devolverán el dinero. Oportunidad de correr con el mal hecho. Otros te darán otro producto a cambio. En tal caso, habremos de haber comprado algo que necesitemos y no podamos robar. La acción consiste en devolver la cosa comprada tras haberle quitado alguna pieza pequeña, que no sea trivial a simple vista. Por ejemplo, la parte del cierre de un mando a distancia, la antena de AM de un equipo de música, piezas que, siendo necesarias, no supongan mucho dentro del total.
Consecuencias para el establecimiento:
a) Caja abierta. La explotación de trabajadores asiáticos permite unos envasados perfectos del material, pero una vez abierta la caja no hay forma humana de volver a cerrarlos igual. Mientras tú devuelvas lo comprado, la empresa está obligada a aceptar lo que entregas. Pero se encuentra con el papelón de que ahora tiene un producto, tal vez en perfectas condiciones, pero que nadie va a querer comprar. Imagina que vas a comprar un video y te lo dan todo desempacado. No lo querrás jamás. Dado que el embalaje se realiza en serie, es muy posible que ese producto no vuelva a ser vendido, en última instancia la perjudicada tal vez sea la empresa fabricante. Otra timba de ladrones.
b) Producto incompleto. Si se detecta a posteriori la falta de una pequeña pieza, la empresa perderá un enorme tiempo en papeleo para recuperar esa pieza, que tal vez tenga un coste productivo menor al céntimo de euro. El empleado que se dedica al papeleo no se dedica a controlar los pasillos o las cámaras de seguridad.
3)Ataques kamikaze. Versiones del yopito. Si eres un recalcitrante mangante puedes optar a una bajada a los infiernos con garantía de vuelta. Te haces con una pinta de lo más sospechosa, la mochila y el abrigo ancho que no falten, y te colocas una alarma en alguna parte de la que puedas deshacerte a continuación con facilidad, de la mochila o el abrigo. Los seguratas seguramente desconfíen de tí y te lleven al cuarto de los horrores.
Consecuencias para el establecimiento:
a) Pérdida de confianza. Cuando el guarda se de cuenta de que no tienes nada de valor, perderá parte de esas cualidades que él cree le hacen parecer a Sherlock Holmes. La próxima vez, tal vez, ante un compañero, sea más proclive a pensar en el fallo de la máquina antes que en el intercambio de productos producido.
b) Pérdida de autoestima. La posibilidad de que les abronques por el suceso puede ser una excelente revancha ante un compañero que conozcas que ha pasado por el mal trago. Hará que traten con mejores modales a las personas que encuentren la próxima vez.
c) Distracción de personal. Al menos 2 guardas de seguridad estarán desprotegiendo el establecimiento mientras se establece que eres un santo y ellos, unos ladrones. Facilitas la labor de compañeros que se acordarán de tí en sus rezos nocturnos.
d) Conocimiento del medio. Te permitirán afrontar con mejor humor un futuro paso por el cuarto de la vergüenza. Al no serte del todo desconocido te sentirás mejor y las consecuencias para tí serán mucho menos graves.
Para los habituales del yomango, algunas indicaciones. No soy quien para dar lecciones, algunos post han demostrado la existencia de auténticos catedráticos del libre intercambio de productos, pero creo que algunas indicaciones nos vendrán muy bien a todos:
1)El empleado es tu amigo. Aunque te suene extraño, es así. El guarda de seguridad no es vocacional. Normalmente está opositando a un trabajo digno. O espera la llamada de ese cuñado que trabaja en una cadena de montaje que nunca llega. El guarda de seguridad se siente explotado por el sistema. La empresa lo tiene con un sueldo ínfimo y un contrato temporal. En el fondo de su ser, él odia a la multinacional tanto como tú. En una situación parecida se encuentra la cajera. En ambos casos has de saber que a ellos les da igual que robes.
Lo que no les da igual es que pongas en duda su profesionalidad. El guarda de seguridad que está ligando con la cajera tia buena no te parará, por muy pintas que seas, si al pasar por la "salida sin compra" no pitas. Te parará si suena. Te parará también si un compañero le ha dicho que has robado. Porque no tendrá más remedio si quiere mantener su puesto de trabajo. Hay que pensar en esto todo el tiempo, ser menos burdo en los robos, en jugar al gato y al ratón. No debes hacerle pensar que es tonto, porque entonces se enfadará. Cuando te pillen, si lamentablemente lo hacen, has de mantener que no quieres hacerlo más, etc. Si tu orgullo te lo impide, predica las máximas del yomango: que la gran superficie es una explotadora. Seguro que en el fondo el guarda coincide contigo.
Es por ello que en algunas ocasiones, cuando has robado varias cosas pero confiesas sólo una el guarda se conforma, porque él quiere acabar también con la situación. Recordad: hay que ser humilde y permitir que todo pase lo antes posible. No tenéis que pagar nada, es más, no debéis pagar. Baste decir que no tenéis dinero, ellos no insistirán.
No obstante, no deje de indicarse que los guardas de seguridad son unos hijos de puta.
2)El empleado también roba. Según el estudio sobre la pérdida no controlada, la mitad de los robos que se producen en centros comerciales se debe a los propios empleados. La cajera cobra de menos a sus amigos. El segurata se saca unas botellas cuando están cerrando. Esto tiene las siguientes consecuencias directas:
a) El empleado es permisivo con el ladrón. Una parte de su corazón comulga con la causa del yomangante. Eso facilita nuestra labor humanitaria.
b) Los guardas están interesados en que las cintas de seguridad no sean vistas. En un gran centro comercial todos los días se producen varios robos por parte de empleados. Si esas cintas fueran revisadas permitirían la detección de estas acciones. Ellos son los primeros interesados en que esto no ocurra.
c) Nadie va a la cárcel por unos cuantos hurtos. Lamentablemente las calles están llenas de carteristas y tironeros que entran y salen de las comisarias con la misma frecuencia que nosotros lo hacemos de los centros comerciales. Pero ellos no saben lo que es la cárcel, al menos, sólo por esos delitos. Si usan la fuerza, o roban de más, se exponen. Pero el hurto, con muy mala suerte, puede llevar a una multa de poca monta.
d) El archivo de malos no existe. En la mayoría de los casos es un mete miedo que se explica en los cursos de guarda de seguridad. El guarda no quiere llamar a la policía. Porque el segurata se siente como la mierda ante la presencia de los policías. Él es un perdedor que aspira a un trabajo de lo peor, el policía tiene trabajo bien pagado para toda la vida. Él es un barrigón calvo. El policía tiene, como poco, algo de fondo físico. Él ha tenido una formación de poca monta, ellos especializada y muy válida. Para un guarda dar explicaciones ante la policía es tan agradable como para mí explicarle a mi jefe porqué algo no funciona.
Por ello, se inventan que tienen una lista de malos. Si te han pillado dos veces seguidas en poco tiempo en el mismo sitio, el guarda se acordará, y por no quedar mal tal vez llame a la policía.
Bajo la remota posibilidad de que la lista exista, puedes dar datos falsos, no tienen más remedio que creérselos. No tienes por qué llevar el DNI encima, pero si lo llevas di que no lo tienes. Invéntate un número. Te sirve la letra del NIF del tuyo y al número le sumas o restas 23, 46, 39...obteniendo un número igualmente válido. Si realizan búsquedas, las harán por el DNI y no te encontrarán si cada vez das uno distinto. Es muy importante para el yomangante ser capaz de dar un DNI falso de memoria. El truco del 23 puede salvaros de malos tragos.
Y esto es todo compañeros, ojalá todo esto os sirva de algo, para que continuéis repartiendo la riqueza por el mundo.
Las estrategias de supervivencia suelen exigir amplios recursos de ingenio y creatividad. Yomango en una de las estratégias más creativas e ingeniosas que conozco.
La creciente productividad que la gente como nosotros realizamos al compartir nuestros saberes, nuestros trucos, nuestras herramientas, corre siempre el peligro de ser socavada y bloqueada por los procesos de apropiación que lleva a cabo la propiedad privada. Cada vez que se hace pública la información, ésta corre el riesgo de ser enganchada por el mercado y transformada en producto, en moda o en lo que sea que aporte beneficios, dinero. Con todo esto no quiero decir, ni mucho menos, que debamos replegarnos y dejar de compartir.
Nada más lejos de mi intención.
La privatización, sin duda y cada vez más, generará cólera, indignación y antagonismo, pero la revuelta sólo se dará desde la riqueza, y por riqueza hoy debe entenderse el resultado de ese excedente que mezcla inteligencia, experiencia, conocimiento y deseo. Es decir, lo que la comunidad Yomango y otras muchas suletas por ahí, producen a diario.
Las luchas del mañana serán luchas de la privatización contra todos aquellos que deseen una vida libre y gratuita para todos. Yomango va por delante, se podría decir que en eso yomango es el futuro; y lo es porque se mantiene firme ante la seducción del mercado. Yomango es hoy una luz, algo pareceido a una pequeña llama que se mantiene encendida en mitad del huracán neoliberal. Nuestra es la responsabilidad de que esa llama no se apague nunca, de que siempre ilumine. Para ello yomango debe darse sin intercambio comercial alguno, no debemos aceptar nunca que yomango se comercialice. Yomango ha de ser el libre intercambio, el verdadero libre mercado ;) ¡Sin dinero ni tarjetas!. No retrocedamos en este postulado y estaremos preparados para hecer frente a cualquier intento de reapropiación capitalista (que seguro aparecerán). Preparémonos para la batalla. Sigamos compartiendo. ¡Adelante!
[junio 2002]
Se trata de inventar nuevos gestos
Que, en su repetir, abran
nuevos mundos en los que habitar.
YOMANGO
La situación actual nos lleva a gran parte de la sociedad, cada día más excluida, cada día más perseguida, cada día más pobre, a vivir precariamente en cada vez más aspectos de nuestra vida. Ya no somos precarios sólo en nuestro trabajo, toda nuestra vida se rodea de esa sensación de precariedad. Es un circulo vicioso hacia el cual cada día más personas nos vemos abocadas; precariedad en el trabajo; aumento del precio de la vivienda, sólo con fines especulativos; cada día más necesidades creadas por el mercado que te ofrece algún objeto nuevo y necesario sin el cual nos sentiremos más excluidos. Una situación que da para pocas alegrías. Y es que, ¿no nos las merecemos?
El control establecido por la UE, como un manto pesado que nos cubre, la guerra global proclamada a los cuatro vientos -que nos convierte, además de pobres y precarios, en sospechosos de todo, más aún si somos migrantes- nos deja inmóviles con nuestro lastre cotidiano. Una situación que da para pocas respuestas. ¿O tal vez la solución sea más fácil de lo que parece?
La desobediencia es una de las mejores maneras de las que disponemos para liberarnos del pesado manto del control. Desobedecer es legitimar nuestra existencia, legitimar nuestra vida y hacernos responsables de ella y de nuestros actos. Pero es una herramienta a la que tenemos que dar forma entre todos y todas, crear los mecanismos que hagan de la desobediencia algo cotidiano en nuestra vida. Una herramienta que nos constituya en cuerpos desobedientes, para que nuestros gestos cotidianos configuren una fuerza creadora y nueva.
Pero no nos podemos quedar sólo en decir: "desobedezcamos". Tenemos que crear entre todos formas cotidianas de hacerlo, herramientas cotidianas, fáciles de usar, que nos alegren la vida y provoquen a los que nos provocan.
YOMANGO es un proyecto de desobediencia cotidiana. Manguemos en esas grandes cadenas que nos encadenan, que especulan en la bolsa, que trafican con armas y con vidas, y que nos obligan a comprarles a precio de oro el fruto del esfuerzo de manos esclavas, de cuerpos sensibles y mentes inteligentes. Manguemos para hacer la compra diaria, manguemos la ropa que nos gusta y nos hace sentirnos guapos -¿o es que no podemos sentirnos guapos?-, manguemos esos objetos que nos alegran un poco más la vida, hagámoslo solos o en compañía, con público o en privado, acostumbrémonos a utilizar esos gestos cotidianos que abran nuevos mundos en los que habitar.
YOMANGO es un proyecto de libre circulación de personas y de los objetos que ellas quieran utilizar, compartir, regalar, o simplemente mangar. La felicidad es difícil de definir, sobretodo cuando una es pobre. Los espacios públicos cada día más se ven reducidos a calles comerciales o grandes centros comerciales, asépticos, donde la uniformización de la sociedad por cánones marcados por la moda y el consumo hacen que sea mucho más visible nuestra condición de precariedad, de migrante. Centro comerciales que concentran en su interior el consumo y espacios de ocio y cultura; cadenas de librerías, cadenas de cines, restaurantes. YOMANGO abre una posibilidad de utilización diferente de estos espacio. En el momento que entras en un centro comercial con una intención diferente a la de comprar te conviertes en un actor gozoso que interpreta un personaje de comprador, la visión del espacio cambia totalmente y por tanto su utilización. Esto puede llegar a liberar totalmente el espacio, utilizándolo para lo que quieras, sobretodo si tu actividad se desarrolla en grupo. Liberar los espacios públicos, reclamando su gratuidad, su utilización como espacio público en un sentido real, sentir la libertad de crear nuevos usos, nuevos mundos.
El robo en centros comerciales no es algo nuevo, por lo que el aspecto final de YOMANGO no lo es. Si YOMANGO fuera solo una campaña de robo en grandes superficies sería un concepto superfluo. La diferencia estriba en que YOMANGO cumple y desarrolla varias funciones: es una propuesta con su argumentación teórico-política de confrontación, de desobediencia a los esquemas impuestos por el consumo, reapropiándonos de los logos y la cultura que las grandes cadenas difunden para gestionar nuestras necesidades y deseos.. Como marca comercial ,YOMANGO tiene sus catálogos, sus anuncios publicitarios, sus campañas de temporada, pero no vende nada de nada. No produce ningún objeto. YOMANGO sugiere una forma de vida, esta diseñado para que cualquier persona o grupo se reapropie de él, como quiera, donde quiera, transformándolo, plagiándolo, ampliándolo. Se trata de una libre circulación de ideas que en su evolución cotidiana nos hará más libres.
YOMANGO
En tu centro comercial habitual.
Cambiaron los tiempos, fue allá por los años setenta, a finales, cuando la industria, como se había conocido en la primera mitad de siglo, empezaba a quedar obsoleta y las formas de producción y las relaciones que vinculaban a las personas con sus trabajos también. Era el fin del fordismo y el principio de postfordismo, aunque seguro queda alguna fábrica por la que parece que no pasa el tiempo. Vinieron las ZUR (Zonas de Urgente Reestructuración), se cerraron las grandes fábricas, los astilleros, la minería, y la gente fue reestructurada por zonas, que era algo así como decir: "todos vosotros, o jubilados, o al paro".
Había que reestructurar también a la sociedad, y las relaciones laborales existentes hasta entonces ya no eran válidas. A partir de la reforma del Estatuto de los Trabajadores de 1984, aparecen nuevos tipos de relaciones entre las personas y sus trabajos, son los contratos a tiempo parcial, los contratos de formación y los contratos de duración determinada. Con la reforma de 1994 se abre la puerta a una nueva forma de especulación que aumenta la precariedad laboral, son las ETT's, empresas destinadas a lucrarse con el trabajo ajeno, exento de condiciones laborales dignas.
En estos casi veinte años, la precariedad que se podía preveer con aquellos nuevos contratos ha sido superada por la realidad, y es que últimamente la realidad supera cualquier predicción que el más agorero pueda hacer. Los lazos sociales que establecieron nuestros padres en los sesenta, vincualdos a un entorno laboral estable en grandes centros de producción como la Seat y entorno a los que giraban la vida social del barrio, quedan tan lejos que cuesta recordarlos.
En estos casi veinte años de postfordismo no sólo se ha creado un nuevo método de organización y gestión del trabajo basado en la inestabilidad laboral sino que además se han creado las relaciones sociales y las nuevas necesidades que han provocado la implantación de esta inestabilidad como algo natural. Por un lado, la precariedad laboral es la normalidad en la relación con el trabajo, casi todos los contratos son a tiempo parcial o a través de ETT's; además, las retribuciones económicas no se ajustan a las necesidades reales. Pero, ¿cúales son las necesidades? Este es otro de los grandes cambios que se han producido durante estos casi veinte años. Nuestra sociedad ha sufrido una gran transformación. La economía basada en las grandes industrias ha dejado paso a una economía basada en el sector servicios, y hoy en día la mayoría de la gente trabaja para ofrecer a su vecindario algo que consumir. Gran parte de la producción viene de lejos, de países en los que la explotación laboral es mayor.
Esto no sólo ha modificado las relaciones de la gente con el trabajo, sino también con el entorno. Las ciudades se han transformado para acoger esta nueva sociedad del consumo, los espacios públicos destinados a las nuevas relaciones sociales, son espacios comerciales, desde calles peatonales llenas de comercios a grandes centros comerciales en los que, aparte de todo tipo de tiendas, se pueden encontrar bares, resturantes, cines y toda la oferta pseudocultural del consumo para que tu vida gire alrededor de tu centro comercial más cercano. Las remodelaciones urbanísticas van en este sentido y ayuntamientos como el de Barcelona se enorgullecen de la transformación de Diagonal Mar con su centro comercial. Los ayuntamientos han dejado durante estos casi veinte años el terreno libre a la especulación inmobiliaria, la transformación de las ciudades ha sido rápida y facilmente visible. A simple vista todo esta más limpio, es más “bonito”, pero la realidad esconde que se ha creado una ciudad en la que consumes o eres excluido y por tanto marginado. Para sentirse incluido en la sociedad hay que tener la posibilidad de acceder a más y más cosas. Por otro lado necesidades básicas como son la vivienda se ha convertido, gracias a la especulación, en un lujo impensable. La precariedad ha ocupado a más y más gente ya que una familia no puede subsistir de un único sueldo. “Es un orgullo social que las mujeres también haya entrado a formar parte del mercado laboral. Es un gran avance en la igualdad”, comentaría el politico de turno. La pena es que se olvida de comentar que es un gran avance en la precariedad y en la explotación de la mujer.
Por su parte, en este periodo, los sindicatos no han sabido transformarse para hacer frente a las nuevas situaciones de precariedad provocadas por la sociedad del consumo, quedándose relegados a realizar funciones de gestión para los cada vez más grandes cuerpos de funcionarios de las multiples administraciones y empresas en las que aún se mantienen gran numero de empleos estables, “representa lo más retrógrado de la nueva estructura social y el sector menos susceptible de la renovación contra la explotación. Viven satisfechos en su posición funcional, con niveles aceptables de consumo (acceso a los principales símbolos y formas de prestigio) y ajenos a la realidad de las condiciones laborales de la nueva miseria” (1). Ejemplos claros de esta gestión sindical es Telefónica de España. En 1992 trabajaban en esta empresa unas 72 mil personas, colectivo mayoritario en el grupo Telefónica. Hoy en día trabajan unas 40 mil y en los próximos meses se espera una reestructuración que supondrá la perdida de unos 10 o 15 mil puestos de trababajo, mientras que en el grupo Telefónica hoy en día trabajan más de 150 mil personas en una situación laboral peor que la de Telefónica España. Además, es de destacar que el sector de las telecomunicaciones es el que existe un mayor número de personal en precario mientras que es el que obtiene más beneficios dentro de la economía de las nuevas tecnologías.
Esta situación de precariedad laboral generalizada establece una cultura general del miedo. El miedo a perder el puesto de trabajo, el miedo a no poder pagar la hipoteca, el miedo a no poder pagar el recibo de la luz, el teléfono, el agua, el coche, el.... El miedo a sentirse excluido en la sociedad de consumo, ha provocado que la precariedad se extienda desde los ambitos de la relación con el trabajo, al resto de ambitos de nuestras vidas. En menos de veinte años de precariedad laboral, un espacio de tiempo muy corto cuando hablamos de periodos de evolución histórica, se ha transformado en precariedad social. Una precariedad social en la que todas las formas de opresión y control que históricamente el capitalismo había utilizado como formas de relación entre las personas y sus trabajos, hoy se encuentran representadas en todos los ámbitos de la vida. Una precariedad social construida desde los grandes centros de poder, a base de entrelazar unas cuantas verdades a medias, convertirla en una gran mentira y arrojarla desde los medios de comunicación como una verdad absoluta gracias a la cual es más fácil marcar a los excluidos. Se trata de "el fascismo postmoderno que contiene todas las formas históricas del capitalismo y, en este sentido, es su culminación" (2). Y como centro de esta transformación continua, de esta opresión marcada por el miedo, la metrópoli continuamente cambiante, transformándose para enriquecer la especulación y para invisibilizar a la exclusión.
Ante esta situación de precariedad social cualquier tipo de respuesta individual tiende a ser invisibilizada, reprimida o excluida, por ello la colectividad, la comunidad como espacio común de respuesta es el reto que tenemos por delante. "La sociedad es algo que se escurre, se escurre financieramente, ideológicamente, existen puntos de escape por todas partes" (3). Por eso, las formas colectivas de oposición a la precariedad social pueden ser tan diversas y ricas que pueden convertirse en incontrolables.
Desde proyectos de autoempleo, como el Centro Cultural Arran, que busca transmitir una cultura crítica, en el barrio de Sants de Barcelona; o proyectos de cooperativas ya sean urbanas o rurales, como el caso de Longo Maï, colectividad rural francesa con 30 años de trabajo colectivo (4); hasta proyectos mediáticos y de apoyo mutuo como el de Chainwokers en Milán. Chainwokers es un colectivo de personas relacionadas con el Centro Social Okupado Deposito Bulk. A raíz de una autoencuesta sobre sus situaciones de precariedad, se convierten en un grupo de acciones mediáticas para denunciar y hacer públicas las condiciones laborales de las personas que trabajan en las grandes cadenas comerciales, con el apoyo del sindicato CUB (Comité Unificado de Base). Al mismo tiempo, la CUB realiza, en el Centro Social, labores de asesoramiento laboral y jurídico para los y las trabajadoras precarias de la ciudad. La acción mediática de Chainwokers ha sido ampliada con el sitio web http://www.eurosocialactivism.org, que surge como idea conjunta de Chainworkers Milán y Yomango Barcelona (http://www.yomango.net) de intercambio de experiencias de activismo mediático en torno a la privatización y la precarización social. En este proyecto participan también McWorkers Resistence de Glasgow y Arrgg! de París. O pensemos en proyectos de otro signo, como la comunidad Linux, o el copyleft contra la propiedad intelectual y por una intelectualidad colectiva.
En definitiva, cualquier experiencia colectiva que nos hagan escapar de la cultura del miedo, para abrir nuevos espacios propios en los que la precariedad social no sea la regla de relación social establecida. Un éxodo que no significa huir, sino establecer un conflicto "para defender relaciones sociales y formas de vida nuevas, a partir de las cuales ya se esta construyendo experiencia" (5).
"Se trata de inventar nuevos gestos que en su repetir abran nuevos mundos en los que habitar" (6).
Barcelona, abril 2003.
NOTAS
(1) Emmanuel Rodríguez, "La transfiguración de la producción. La organización del trabajo y de la vida en las sociedades de la precariedad", en Contrapoder, nº 4-5, 2001. Contiene una completa carpeta sobre "Trabajo y no-trabajo", con algunos textos interesantes sobre estas cuestiones, accesibles en http://www.altediciones.com/cp5.htm (entre otros, las "8 tesis sobre el postfordismo", de Marco Revelli).
(2) Santiago López Petit, "La vida como acto de sabotaje", Archipielago, nº 53, noviembre 2002.
(3) Gilles Deleuze, entrevistado por Paul Rabiow y Kheit Gandall, Archipielago, nº 53, noviembre 2002.
(4) Daniel López, "Colectividad Rural Francesa Longo Maï, 30 años de utopía colectiva", Molotov, nº 34, abril 2003.
(5) Paolo Virno, "Virtuosismo y Revolución", Traficantes de Sueños, Madrid, 2003.
(6) Mar Traful, "Por una política nocturna", Debate, Barcelona, 2002. Descárgalo completo en http://www.sindominio.net/ofic2004/publicaciones/pn/indice.html.
[enero 2004]
"Atención: esto no es lo que se ve, sino lo que hay detrás”
Si buscas YOMANGO en un sitio, nunca lo encontrarás. YOMANGO no está ni estará establecido; YOMANGO no para. Anda de aquí para allá, está en todas partes. Allí donde el capitalismo amplía su terreno abriendo centros comerciales o conquistando tus deseos, allí estará siempre YOMANGO.
YOMANGO es móvil, no tiene un espacio propio, YOMANGO se mueve en el lugar del otro. Como está desprovisto de las estrategias del fuerte, las de ese que es propietario de todo el teatro donde opera el mercado, a YOMANGO sólo le queda la práctica de la desviación en el uso de los productos, que no es poco, ser una microresistencia, que se empeña en invertir los códigos que el capitalismo inserta en nuestras vidas.
YOMANGO no es los productos, ni las cosas, YOMANGO es los usos y sus operaciones y encadenamientos y las trayectorias cambiantes de quienes los practican. Es, en definitiva, la proliferación diseminada de creaciones anónimas que hacen vivir y que no se capitalizan.
YOMANGO moviliza recursos insospechados, esos que están ocultos en la gente ordinaria, y desplaza, de esta manera, las fronteras verdaderas de la influencia de los poderes sobre la multitud anónima.
A YOMANGO poco le interesan los productos más o menos culturales ofrecidos en el mercado de bienes, Él está por las operaciones que hacen uso de ellos, es decir, la cultura común y cotidiana en tanto que ésta –y YOMANGO sabe lo que dice- es apropiación, es reapropiación, es un toma y dale que pasa de mano en mano.YOMANGO, como ya habrás podido comprobar, también es disfrute. Un disfrute que, como siempre que uno se emancipa del valor de cambio, es subversivo. YOMANGO: la subversión de los más débiles.
Con YOMANGO no necesitas comprar nada, tan sólo has de ser YOMANGO. Esto es muy importante, ya que es en esta cualidad donde reside, precisamente, el mayor temor de las multinacionales que tan a gusto acabarían con YOMANGO. Éstas no pueden soportar que YOMANGO sea una marca para los que no encuentran su sitio en el mercado, ¡en el libre mercado!, que sea una manera de vivir, un modo de vida, que no depende de la novedad ni de la cantidad ni de los tontos por ciento, ni por supuesto soportan que se dedique a robar la felicidad, tu felicidad, esa que ellos quieren comprar a toda costa.
YOMANGO: tras algún signo de vida voy.
[mayo 2003]
De las acciones Yomango a la Guerrilla Mangueting
O de cómo efectuar el tránsito de Yomango como herramienta activista de acción directa a práctica de subversión de la vida metropolitana precarizada.
Documento teórico de los nuevos comandos hormiga Yomango, brazo (con manga larga) del Yomango (r).
1 de mayo de 2003
Y dale que te pego, todo dios, con la historia de la crisis del trabajo, la precariedad y el paro.
¿Pero alguien se acuerda de cómo curraban nuestros papis? ¿Y los papis de los papis de nuestros papis?
Hace un siglo, nuestros padres se desplazaban cientos de kilómetros por medios de transporte hoy inimaginables, para llamar a la puerta de, pongamos por caso, la empresa minera que estaba chupándole el jugo a la tierra en Las Encartaciones de Vizcaya o en cualquier otra zona similar de Canadá o Gran Bretaña, con el fin de alimentar la nueva poderosa maquinaria industrial.
Llegar a rastras a esa puerta significaba literalmente optar a sobrevivir viéndote transformado en una especie infrahumana. Dormir decenas de seres apiñados en un barracón insalubre desprotegido del azote del clima. Currar horas y horas hasta caer rendido en el tajo, a golpe de mallo. Si te machacas un dedo o te abres la cabeza, te buscas la vida. Cobras por lo que curras: si caes enfermo y no puedes venir, te jodes. Te apuntamos lo que curras, las toneladas de mineral que cargas a tu pobre espalda, pero también lo que comes y el gasto de barracón. Hay quienes, al final de una temporada de trabajo inhumano, descuento a descuento, cobraban una miseria. Alejados, durante meses, de sus familias y círculos de afecto... ¡sin móvil que echarse a la oreja! Si esto es un hombre...
Un día feliz alguien tuvo una epifanía: se le ocurrió dejar de trabajar por un día y a cambio ir todos juntos a casa del patrón a meterle bulla y no dejarle descansar. Por un día, estaba bien que el miedo cambiase de bando, y si la fábrica para, el dueño pierde pasta. Y si pedimos más salario, le descabalamos bastante las cuentas. Ese día el patrón empezó a intuir que era cuestión de tiempo tener que instalar un hospital o pagar a la gente mediante contratos de trabajo y no por curro a destajo. Pero también pensó (el capital a veces piensa mucho, al contrario de lo que normalmente aceptamos quienes nos creemos muy listos: es por eso que ellos llevan casi siempre ventaja) que las mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores podría revertir también de alguna forma en la mejora de la producción. (Digamos ahora entre paréntesis: he ahí otra cosa que el capital hace como nadie, en todos los órdenes: tú te inventas algo y él te lo concede... a favor suyo. Sea en forma de derechos, estilos de vida o diseño de ropa.) Si el currante se desplaza adonde hay curro con toda su familia, mientras se parte el lomo en el tajo, pensó el patrón, su mujer le hace la comida y le calienta la cama, con lo que el tipo repone energías y rinde más. La parienta, por otro lado, pare como una coneja (los proletarios, ya se sabe, son simples en sus formas de ocio): más mano de obra, ejército de reserva para la industria, que la mami cuida y hace crecer con generosidad y afecto ilimitados, sin cobrar, hasta que la edad mínima laboral deja a los retoños a nuestra merced.
Todos contentos. Y es así que al poco tiempo el patrón instaló un hospital, ¡un economato!, y casas para los currantes, parienta y prole, proceso que acabó por derivar en colonias de trabajadores a pie de tajo o al borde de la fábrica.
Dos constataciones.
La primera. Nótese la sutilidad: esas mejoras en las condiciones de vida del currante, que ya era hora y hubo que arrancarlas con sudor de huelga y sangre de represión, aseguran también la calidad de su curro e intensifican el control sobre el conjunto de la clase que trabaja: TODA la vida de TODA la familia, no ya sólo la fuerza y el tiempo del proleta en el turno, están pendientes del curro asalariado. La totalidad del mundo de vida de la colonia trabajadora queda condicionada por el horario laboral al que el currela se somete a cambio de un salario que comprende tan sólo el tiempo que ficha. El salario te cubre tan sólo unas horas y el patrón condiciona todo tu tiempo y el de los tuyos. Súmale a esto que la pasta que te viene en salario le retorna también ocacionalmente, por ejemplo, en forma de alimentos que compras en su economato. Un mecanismo de explotación de veras sofisticado.
Segunda constatación. Según curras o rindes así cobras: a destajo. Si te machacas un dedo, a mí que me cuentas. Estáte pendiente de lo que yo necesite las 24 horas del día. Eso que exigían los patronos de hace más de un siglo... se parece mucho a lo que imponen los patronos de hoy. No es poca la diferencia, desde luego, entre sostener un pico en la mina y pegarle a la tecla del ordenador, vender hamburguesas en Burger Krieg o limpiar casas ajenas. Pero los detalles de este abismo entre formas de trabajo de entonces y de ahora lo dejamos para más adelante. Lo que interesa resaltar en este orden de cosas es que nos encontramos en un momento histórico en que el modelo productivo está sufriendo transformaciones tectónicas, del orden de las acaecidas en los periodos de implantación original del industrialismo. El industrialismo y su modelo fordista se van al carajo y las consecuencias, como al comienzo de la industria, se cifran en el orden de transformaciones sociales, culturales, antropológicas... bien profundas. Y el sueño del patrón, en río revuelto, es siempre el mismo: la completa disponibilidad del trabajador las 24 horas del día en cuerpo y alma: para lo que disponga, cuando disponga. Al mínimo de inversión. Con el mínimo de garantías y derechos.
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¡Hay que ver cómo han avanzado todos estos procesos de los que al comienzo nuestros papis casi ni se percataban! Un currante confesaba a Yomango, durante la encuesta que hemos venido realizando en los últimos meses, lo siguiente: �recuerdo perfectamente que la empresa en la que trabajaba mi padre desplegó todo un dispositivo paternalista para ir poco a poco controlando el mundo de vida de las familias trabajadoras mediante diversas formas de protección y mejora de nuestras condiciones sociales. Zonas recreativas para nuestros ratos de ocio en verano, apartamentos adquiridos por la empresa en playas atiborradas de gente, que, por sorteo, podían tocarnos con el fin de pasar nuestras primeras vacaciones en la costa; ayudas a nuestros estudios en la escuela, que permitía un control sobre el rendimiento de los hijos de los proletarios para así poder cooptar a los más destacados, con el fin de reponer los cuadros dirigentes de las élites económicas o políticas�. Total: la pulsión humana de sociabilidad, que en los ambientes trabajadores organizados en lucha venía dirigida a reforzar una identidad de clase y una conciencia antagonista que brrr no molaba nada, quedaba desviada, en el �pacto� social, a una sociabilidad dependiente del trabajo, una identificación fuerte con la empresa y un consenso tranquilizador para las élites. Nuestros papis, años nos ha costado a algunos reconocerlo, apenas tienen culpa: tales renuncias y asimilaciones han sido el precio a pagar por dejar de ser unos muertos de hambre cargados de churumbeles sin futuro. Poco importa que renuncias y asimilaciones al alimón se produjeran bajo el modelo blando del Estado del Bienestar o el modelo duro del franquismo. Lo importante a tal efecto es que poquito a poquito se realizó la asimilación de los trabajadores y cada vez más aspectos de la vida, ajenos en principio al trabajo productivo, se veían condicionados por el curro asalariado.
(Tres breves. Uno: gloria a quienes no se dejaron trabar y se constituyeron en depositarios históricos de la continuidad de las luchas antagonistas obreras. Dos: más acá de la épica política, las viejas estrategias de supervivencia de las familias trabajadoras pervivieron en microcosmos de afectos y solidaridades que en muchos aspectos se mantuvieron intactos frente a la mezquindad capitalista, patrimonio intangible que hoy disfrutamos como una herencia bendita. Tres: quienes mejor nos han interpretado todo esto son las mujeres. Invento formidable, el feminismo. Yomango es por eso la primera gran marca bastante feminista.)
Sin necesidad de dramatizar, diriamos que el perfeccionamiento de todo ese disciplinamiento social en el mundo contemporáneo es pasmosa. No se trata ya de que la vida dependa o sea subsidiaria del trabajo: es que la totalidad de la vida se ha puesto a trabajar. Si vas por Las Ramblas el año que viene, y llevas rastas, ropa cool o portas cara de felicidad, todo ello bastante común en Barcelona, no lo dudes: estás trabajando para el Fòrum 2004 de las Culturas. (Sonríe a la cámara.) Si vistes así o asao en tu barrio para mostrarte radical en tu orgullo marginal, Just do it!: te copio el estilo y lo convierto en las zapatillas que deseas... a precio prohibitivo. No te tragues el rollo del paro: la vida es un transcurso ininterrumpido entre trabajo y no trabajo (que son dos caras de lo mismo), donde la totalidad de tu tiempo está puesta a producir/consumir (que son dos caras de lo mismo). Y si se puede producir para el capital, paradójicamente, tanto dentro como fuera del tiempo de trabajo, es porque el capital explota bastantes más cosas que en el ciclo precedente: valoriza lo que sueñas, lo que deseas, lo que ingenias, el afecto por tus semejantes. Y no te paga un duro ni te da las gracias. Si curras en el McShit, te sueltan cuatro perras, sin garantías laborales, por vender hamburguesas, pero hay otras cosas que forman parte de tu tarea: poner buena cara, ser amable con el cliente. Si respondes al teléfono en un call-center, los mismos cuatro neuros, por: ser amable con el cliente, poner un buen tono de voz. Si diseñas páginas web en plan autónomo: me lo tienes para mañana y si has de currar 30 horas sobre 24 es tu problema, autoexplótate poniendo toda tu creatividad a disposición de mi imagen de marca, somete a mi servicio inteligencia, saberes, competencias que yo no te he financiado y que tú has adquirido habiendo sido partícipe del acerbo común de la formación social y cultural donde te ha tocado crecer. Las nuevas trabajadoras domésticas inmigrantes o la chica que cuida del bebé de la pareja de jóvenes profesionales liberales venden no tanto su fuerza de trabajo como la experiencia de afecto y cuidado, el trabajo de reproducción social históricamente acumulado en los ámbitos que el capitalismo consideraba no productivos. El fordismo quería que el trabajador asalariado fuera una nulidad afectiva, un ser mecanizado que rindiese sin pensar, subjetividad cero. El postfordismo reinvierte esta tendencia en cada vez más aspectos de la producción: sé emprendedor, güai que tomes iniciativas, pon toda tu creatividad o sensibilidad en el curro; me mola tu rollo tío, seguro que te llamamos... vamos a producir desde la materia prima de la inteligencia, el saber, el afecto colectivos, que tú encarnas en tu propio cuerpo, no para socializar la riqueza resultante: por el contrario, ya nos encargamos nosotros de que los beneficios asciendan como la sabia, reforzando la pirámide del mando. Brutalización de la mano de obra trabajadora ayer, alienación de la subjetividad social hoy. Pon tu plena subjetividad a producir en la nueva empresa total (... y sonríe a la cámara).
Cuando ya prácticamente no queda esquina del planeta por colonizar, la vida es la nueva terra incognita (cada vez menos incognita). Miente quien te diga que la fábrica ya no existe: hoy la fábrica es la totalidad de la metrópoli, una fábrica desbordada al conjunto de la vida social, cuyo arcaico prototipo fueron esas colonias de trabajadores a pie de tajo, con sus casas unifamiliares, su ambulatorio y el economato de la empresa. (Pensemos en cómo eso ha evolucionado hacia la transformación de los centros urbanos, de las periferias de las ciudades, de las grandes superficies donde la gente pasa el fin de semana viendo una peli, comiendo hamburguesas, tomando una cocacola, comprando chuminadas, sin salir del recinto.) Si no tienes ya una única empresa en la que reconocerte para toda tu vida de trabajador/no trabajador, es porque la identificación completa se da hoy con una forma de vida globalmente insostenible, insoportable, insufrible, incolora, inodora, insípida, aburrida de la muerte, tu identidad social fragmentada en el espejo roto y deformante de mil marcas que mantienen una ilusión óptica de libertad de opción y de diversidad de formas de vida.
Que no, que no te creas ya el rollo del paro y el trabajo. Da igual que tengamos curro o no: nuestra existencia consiste hoy en una vida puesta a producir/reproducir/consumir, un tránsito entre trabajo y no-trabajo en la fábrica-metrópoli postfordista.
¿Qué significaba para nuestros papis tener trabajo? Acceder al modo de socialización por antonomasia. Un trabajo de por vida era no solamente la garantía de supervivencia para él y para los suyos, sino también, y casi diríamos que fundamentalmente, el instrumento de integración y normalización social. ¿Qué significan hoy para nosotros los curros penosos entre los que vamos saltando y dando tumbos durante años y años, hasta que alguno que otro logra lo que llaman �establecerse�? Desde luego no es la manera principal en que nos socializamos, sino que se trata, sustancialmente, de instrumentos, puros y duros, para obtener la pasta que nos permita vivir y socializarnos con el mínimo de sofoco. Hoy, para qué negarlo, cuando alguien dice buscar trabajo, en realidad quiere decir: necesito dinero.
Los dos términos fundamentales en torno a los que pivota nuestra sujección actual son: miedo y chantaje. Miedo porque la inestabilidad de nuestros ingresos, de la relación entre salarios y gastos, de los contratos laborales o de alquiler de vivienda, etc., etc., etc., nos tiene siempre con el alma encogida. Chantaje porque las cartas están sobre la mesa: si tienes miedo de hundirte, acepta las condiciones de vida y salario que te ofrezco, que dan asco, con lo que vuelves a estar pillado por el vértigo de la inestabilidad... Y esto es lo que hay. Siempre en equilibrio precario.
Pensemos en un chainworker. Por ejemplo, una estudiante que, para poder completar la paga con que padre y madre le costean matrícula y alquiler de la casa (y en matrículas, alquileres de la casa y otras inversiones en la vida inestable de sus hijos, se le está sangrando a la clase media el pequeño capital que había acumulado durante décadas y décadas de sometimiento laboral), para completar su paga, decimos, curra en una gran cadena, pongamos por caso Pans&Asco. Llega el día de la huelga general, y el jefe le exige quedarse a pie de mostrador. ¿Quién le garantiza la continuidad del curro si se ausenta? ¿Qué puede ganar con una huelga general que pide el aumento de 3 puntos de porcentaje de esto y la anulación del punto 6 de lo otro o que la ley del trabajo de nosequé no afecte a los puntos, y dale con los puntos, de los funcionarios de nosecuántos? Para qué hablar del 1 de Mayo, día de los trabajadores (¿has dicho de qué?). Y cuando llega el fin de semana, si se quiere relajar, va con sus amigas... a visitar una gran superficie, donde meriendan... en Pans&Asco o cualquier otra cadena, que tanto da. El jefe le exije currar cuando no toca o le hace la pirula a la hora de cobrar, o no le respeta el ratito de ir a hacer pis: ¿qué demonio de huelga o jaleo va a montar, si este trabajo, en el fondo, se la suda, y ni en sueños piensa que es la tarea a la que se dedicará el resto de su vida? (Total, me voy a largar pronto... prefiero que no me echen antes de tiempo). Por el mismo motivo, vete tú a sugerirle que contacte con el enlace sindical de su rama laboral... (por no hablar de que, a lo peor, el tipo flipará con cómo habla y se viste esta chica. Y es que así no hay manera de entenderse con los sindicatos).
Nuestros hermanos y hermanas de Chainworkers (Yomango y Chainworkers juntos son como aquel encuentro casual de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de operaciones: dos cosas tan marcianas como una gran marca anticomercial y un logo de trabajadores precarios coinciden en ser anticapitalistas, o como se diga) dan en el corazón del asunto. El capital te tiene sujeto por el miedo y el chantaje, y ni te canteas en el curro de lo inestable que es, un curro en el que, por mucho que lo aguantes, no te reconoces ni bajo tortura. Pero las mismas condiciones que nos imposibilitan para pensar en términos de subversión o rebelión o protesta, pueden ser revertidas.
Hace unos años, unos currantes de uno de los mayores McDonalds del mundo, el del Barrio Latino de París, tuvieron cerrado el establecimiento en una huelga durísima que sostuvieron durante semanas. La clave de su persistencia: este trabajo es tan mierda que, en el fondo, da igual que nos echen. Vamos a darle fuerte y continuado a la empresa porque lo máximo que puede ocurrir es perder un curro que nos trae sin cuidado. Y le pegaron duro donde más le dolía: en el brand, en la marca, dañando la imagen social que se asocia a McLibel con un entorno familiar idílico, mediante una campaña con una dimensión mediática inteligente. Ganaron el pulso y obtuvieron las mejoras exigidas.
Ahora mismito, en Milán, unos trabajadores del call-centre de Omnitel han montado otra huelga. Un piquete en la puerta señala a los esquiroles, mientras que una petición pública para que cualquiera que se sienta solidario con su huelga llamase entre tal y tal hora, ha conseguido boicotear el servicio de consultas telefónicas durante un buen rato. Interrupción del flujo de la comunicación mediante boicot telefónico a saco de la peña, no sólo de los trabajadores, desde su casa: mucho más eficaz, realista y acorde con los tiempos que haber convocado, como suele hacerse por inercia, un �gran� acto �de masas�, puramente demostrativo. Al loro con el matiz: una huelga laboral sostenida por una acción colectiva, acción que no constituye tanto un tipo de actuación solidaria en apoyo a los currantes, sino un tipo de boicot social eficaz que desborda los límites de la empresa como ámbito de antagonismo. ¿Qué es lo que está cambiando delante de nuestras narices?...
Lo interesante de esta experiencia es que algunos currantes en huelga, no por casualidad, han utilizado un lenguaje nuevo a la hora de denominarse. Cuando les tratan como trabajadores precarios, atípicos o temporales, ellos responden: nosotros, lo que somos, es precarios a secas. No es desde nuestra condición de trabajadores asalariados, sino desde nuestra situación de precariedad social, que hacemos esta huelga. No aceptamos reducir el significado de nuestra lucha a la mejora de las condiciones concretas de este trabajo, que en el fondo da asco y al que somos desafectos. Por lo que luchamos no es por perpetuarnos en este curro y no aceptamos la centralidad del trabajo asalariado en nuestra vida ni en nuestra lucha: al contrario, anhelamos poder gestionar nuestra propia flexibilidad y movilidad, poniendo freno y revirtiendo el proceso de precarización social, la pauperización de nuestra vida. Orgullo y dignidad precarios contra la precarización. Si ejercemos la lucha desde �este� puesto de trabajo, es porque, por azar, estamos aquí ahora. Pero desde donde �habla� nuestro antagonismo, es desde nuestra condición de sujetos sociales precarios. En suma: nuestro antagonismo se articula no desde la reivindicación del trabajo, sino desde la desafección al mismo; e intervenimos en �este� trabajo porque es un instrumento para aproximarnos al horizonte de una redistribución de la riqueza social diferente, que no pase necesariamente por la centralidad del salario. Es precisamente la negación a reconocer la empresa o el trabajo como ámbitos estrictamente demarcados para la lucha �sindical� lo que permite no solamente alianzas sociales y políticas más amplias y eficaces, sino también un tipo de nuevo imaginario antagonista que se desborda hacia lo social como un nuevo espacio de conflictualidad complejo.
Precarización del empleo, mejoras en las condiciones laborales, vale, pero... ¿cómo se cuantifica y se �sindicaliza� el derecho a respirar aire puro, a habitar una vivienda digna, a socializarse en espacios públicos auténticos, a generar autonomía social y formas de vida que merezcan ser vividas, a tener una experiencia plena y no una de segunda mano? ¿Cómo se �sindicaliza� el malestar colectivo difuso contra la precariedad social?
Golpeemos la imagen de marca, subvirtamos el universo simbólico comercial, boicoteemos el trabajo del mercado sobre el imaginario, generemos antagonismo en la dimensión comunicativa, intervengamos en el circuito de producción y consumo de bienes, imágenes, deseos... reforcemos la autogestión de una vida flexible en una perspectiva de deserción del trabajo esclavo.
En el último año, las acciones Yomango han proliferado como momentos de visibilidad que equivalen a las resplandecientes vallas publicitarias, en el corazón de la metrópoli, de la marca Yomango. Yomango ha funcionado, en este sentido, como un logo, una imagen de marca que salta a la vista del consumidor a través de eventos, dispositivos y canales comunicativos muy diversos: de los medios alternativos a la prensa más canalla, de los supermercados a los encuentros activistas, de los flyers a Internet. El paradójico logo Yomango sale a tu encuentro para transformarte en desconsumidor o prosumidor (como dice la gente del trueque allá en Argentina: productor+consumidor) que se identifica no con objetos, con cosas, sino con esa forma de vida que es el estilo Yomango.
Yomango, como las marcas hoy, no inventa nada: valoriza un tipo de prácticas capilares de resistencia a la conversión de la vida y el mundo en un gran supermercado, a la proliferación de grandes superficies comerciales hasta la consecución de la gran superficie comercial planetaria final. Yomango recombina, redefine, cataliza estas prácticas de insurrección cotidiana difusa articulándolas en un modo de vida visible y amenazador, al tiempo que inasible. (Yomango brilla por su ausencia: no es lo que se vé, sino lo que hay detrás.) Yomango no congela la inteligencia ni la creatividad colectiva en �cosas� que redundan en el enriquecimiento de unos pocos: busca enriquecer el común mediante la proliferación y la socialización de las prácticas, gramáticas y herramientas de insubordinación Yomango. Propone sustraer recursos, deseos, bienes y saberes de la lógica mercantil.
La nueva web www.yomango.net, además de la documentación exhaustiva de un año de difusión del �logo�, incorpora una sección de open-publishing, una suerte de yomango-indymedia, un fórum de las culturas-yomango donde realizar la puesta en común de saberes-yomango. Se busca así reforzar nuestro estilo de vida como una desobediencia capilar que organiza la defección en la vida puesta a producir. Yomango es también futuras formas de boicot y huelga de los nuevos sujetos sociales productivos, en el corazón de la fábrica metropolitana. Yomango: el estilo de vida del precariado social rebelde.
A los malos no les cuadran las cuentas. Parece ser que los comerciantes europeos pierden más de 30.300 millones de euros al año, 1.800 los españoles, por la dura competencia de Yomango. Fuentes solventes hablan de un 1'25% de pérdida desconocida en la distribución española. A las cosas que Yomango hace desaparecer de sus inventarios mediante juegos de magia, llaman �pérdida desconocida�. Y �robo hormiga� a la tarea extendida y sistemática de recuperación cotidiana de productos del supermercado (algo que todas, todas, todas hacemos). Con todo, si las pérdidas económicas son relevantes, más lo es la neurosis permanente en la que el comercio vive por causa de esta ecuación sencilla: el miedo y el chantaje que constituyen la base de la sujección del precario a una condiciones sociales y laborales paupérrimas, se traducen tendencialmente en insubordinación a la empresa total. Un manual reciente, producto de una seria investigación universitaria, ofrecía a los comerciantes graves consejos para paliar la pérdida desconocida. En uno de sus capítulos más interesantes, las apreciaciones sobre cómo identificar a los trabajadores susceptibles de cometer pequeños y constantes hurtos en el interior de la empresa, nos dan la pauta de hasta qué punto el capital es consciente de que la inseguridad que genera en el sujeto es un arma de doble filo. Y provoca en la empresa total una neurosis de peligro interno, la percepción de una situación inestable que es necesario gobernar de forma a veces sutil, a veces no tanto, lo que genera fuertes contradicciones: enfrentamiento entre minoristas y grandes empresas de distribución por la implantación de sistemas de alarma; someter al trabajador a un control estricto de sus ritmos biológicos durante el curro, mientras se le pide ser amable con el cliente y generar buen rollo colectivo con los compañeros; nuestro cliente es nuestro mejor amigo... por favor señora abra el bolso al salir por caja. Yomango trabaja para que el miedo, la inseguridad y la inestabilidad que afectan al precariado cambie de bando. Porque su equilibrio, como el nuestro, es también precario. La pérdida económica de las multinacionales y las grandes marcas, decíamos, es importante: pero lo es más sabotear la legitimidad de su imagen de marca, interrumpir la identificación inmediata entre el logo y la falsa idea de que no hay vida inteligente más allá del mercado. Intervenir creativamente en el imaginario colectivo.
La imagen es hermosa: una multitud de hormigas organizadas a su bola que van carcomiendo las vigas de un sistema que se pretende omnipotente sobre la vida, que atacan con constancia y voracidad la estructura del comercio a gran escala. Cuanto mayor el sistema, más poroso. Y la gama de prácticas que comprende el estilo de vida Yomango es por tanto infinita. Yomango cenas con mis amigos, por la puesta en común de saberes y sabores. Yomango ropa: siéntete guapa. Yomango porque el mercado se apropia del deseo y la creatividad que son nuestras, y nosotros desapropiamos: porque la felicidad no se puede comprar y el mundo no está en venta. Yomango: la lista de la descompra.
Los �comandos-hormiga Yomango� van a merendar al súper: devoran en la sección de alimentación de acuerdo con la lógica de los grupos de afinidad (exploración del territorio a confrontar, planificación de objetivos, distribución de roles durante la acción) y se largan tan panchos sin atisbo de peligro. Abren las bolsas de magdalenas y destapan las botellas de leche y los tarros de conservas, que irán a parar a las pocas horas a las manos de la multitud que recicla comida al cierre y a la salida de los grandes supermercados. Piquetes Yomango durante las huelgas de precarios en las cadenas de comida rápida o de comercio masivo. Yomango en el transporte público privatizado (?), porque hay que tener poca vergüenza para públicas a las cosas privatizadas (el transporte, el espacio urbano del centro de la metrópoli...). Aplico a la factura de la electricidad la línea clásica de autorreducción Yomango, lo que más se lleva en la colección otoño-invierno (qué palo, los radiadores eléctricos) y a la del agua, porque hay que tener cara para acabar privatizando el agua, el aire, el sol, el soplo del espíritu santo y hasta nuestro adn.
Haz proliferar esas prácticas capilares sobre el tejido social colonizado por el comercio y ponlas en común en el dispositivo de confluencia Yomango.
No queremos trabajo: queremos dinero. Porque darse dinero libera del dinero: renta básica para todos y autogestión de nuestra flexibilidad de vida atajando la dinámica de precarización social. Yomango es reapropiación de rédito sin esperar reformas futuras: apropiación de lo que necesitas para sentar las bases de una vida autogestionada, desapropiación de bienes y recursos para organizar una esfera pública no estatal ni mercantil, formas de sociabilidad no capitalistas, el éxodo colectivo del trabajo gobernado por el mando.
Yomango... ¿Lo quieres?...
¡¡¡Lo tienes, carajo!!!
Yomango, Barcelona y Milán, MayDay003, 1º de Mayo del precariado social rebelde.
VISITE NUESTRA WEB: http://www.yomango.net
Y también:
MayDay003: http://www.chainworkers.org/chainw/mayday003/autonomo_hispano.htm
Info actualizada MayDay003: http://italy.indymedia.org/archives/archive_by_id.php?id=678
Chainworkers: http://www.chainworkers.org
ESA (EuroSocial Activism): http://www.eurosocialactivism.org
YOMANGO ANDA EN LA BÚSQUEDA.
Julio 2003. Barcelona.
Hay algunos locos que afirman que hoy el lugar del trabajo ha desaparecido y que además, lo ha hecho dentro de las formas prescritas por el sistema social basado en el trabajo asalariado. O sea, que el trabajo se ha perdido en el paisaje que él mismo pintó, que es como si un mago hiciese desaparecer su barita mágica y que por eso no podemos dejar de currar aunque el trabajo, efectivamente, ya no exista.
Hay algunos locos que sostienen que si ya no percibimos con claridad los contornos que antes nos hacían distinguir entre tiempo de ocio (tiempo libre que se dice) y tiempo de curro es porque TODA LA VIDA SE HA PUESTO A TRABAJAR. O sea, que si no entiendo mal, ahora cuando paseamos por ahí, cuando vamos de compras o al cine e incluso cuando hacemos el amor estamos, aun sin saberlo, produciendo y que si así es, deberíamos cobrar por ello, ¿no?.
Hay algunos locos�¡y qué razón tienen!
Es verdad que el trabajo, es decir lo que por trabajo se entendía hasta hace bien poco, no ocupa ya la totalidad del tiempo de nuestra vida, ya no es una cadena perpetua, y no lo es porque ahora cuando la jornada laboral termina y salimos del curro ya no significa que nuestra labor, nuestra producción, termine también ahí. Hoy, efectivamente, toda la �socialización extralaboral� se ha puesto a trabajar. Como os podréis imaginar, esta �nueva� situación no es para dar saltos de alegría que se diga, al menos no para los que, como nosotros, preferimos la vida antes que el trabajo, o sea, para todos los que hace tiempo que estamos inmersos en esta eternidad precaria, en este estilo de vida que entre otras cosas, destruye la esfera laboral como ámbito privilegiado de la socialización y como lugar de adquisición de una identidad política (afortunadamente), y que, sin embargo, socializarnos, es decir, estar con los demás para sentirnos vivos, sigue siendo una necesidad; para todos nosotros, está empezando a ser urgente, mejor dicho, no nos queda más remedio que buscar otro espacio, otro lugar.
�Indicar el lugar de algo que puede llegar�, quizá sea esa la práctica política más importante hoy , que no es mucho pero es lo que hay.
De momento, la socialización que el capitalismo postfordista nos ofrece es un ámbito descompuesto destinado a conseguir el disciplinamiento de los cuerpos que ya no proporciona la relación de trabajo. Un espacio de �tiempo libre� donde el consumo sea la única actividad (si es que nos podemos referir al cosumo en términos de actividad) posible, y que ese consumir sea la única manera en la que producimos, que sea nuestro trabajo, que sea nuestra vida, que sea.
¡Ni hablar!. ¡Nosotros por ahí no pasamos!. Pero�¿cómo no pasar por el aro cuando el aro parece haberse convertido en el único mundo en el moverse, en el único mundo por el que pasar?. Difícil cuestión y más difícil aún respuesta.
�No hay lugar para el temor ni para la esperanza, sólo cabe buscar nuevas armas�. YOMANGO anda en la búsqueda.
Hace ahora dos años se presentó en Barcelona una marca poco habitual. Su nombre YOMANGO y el estilo de vida que ofrece*, como su propio nombre indica es el Mangoneo, es decir apropiarse de las cosas que venden las multinacionales sin dinero ni tarjetas, sin ni siquiera pasar por caja.
A primera vista, esto pudiera parecer confuso y hacernos creer que de lo que se trata es de acumular objetos y seguir así, por otros medios, la lógica que el capitalismo impone. Nada más equivocado. YOMANGO no busca las cosas, sino la búsqueda de las cosas. El único interés que YOMANGO tiene por las cosas (por los productos) es hacer que algo pase entre ellas, forzarlas hasta convertirlas en algo distinto, en algo que ya no tenga que ver con esa producción de vida destinada al consumo, sino con la invención de posibilidades de vida. Crear es transformar profundamente lo que se recibe, por eso YOMANGO se sale del círculo cerrado de la producción-consumo para saltar al campo de la reapropiación, de la captura, y hacer de este impulso un movimiento, un �modo�, un arte.
Es verdad que en el mundo capitalista en el que nos movemos, las relaciones sociales realmente existen como relaciones entre cosas, y las relaciones entre sujetos realmente existen como relaciones entre objetos, pero también es verdad que cada vez que un niño coge unos dulces de un comercio sin darse cuenta de que debe pagar a cambio, el valor como forma de relacionarse con el otro está en discusión, se convierte en objeto de lucha.
El arte de YOMANGO precisamente consiste en transformar esos actos cotidianos, en una práctica consciente, en una �manera de hacer�, en una herramienta política que demuestre que aunque no podemos existir fuera de las formas capitalistas (de momento), tampoco existimos simplemente como víctimas objetivadas del capitalismo. YOMANGO sabe bien que no hay que crear formas nuevas, que todos los elementos para una vida libre (pero libre de verdad, no una de �tiempo libre�), están ya presentes, tanto en la cultura como en la técnica y que tan sólo hace falta cambiar su sentido y componerlos de modo diferente para terminar así con este intercambio de mercancias sin fín que parece haberse convertido en el único vínculo social posible.
De momento es aquí donde estamos, en la búsqueda de medios prácticos para la realización de semejante programa. Casi nada.
YOMANGO anda en la búsqueda. YOMANGO es una intuición.
*porque eso es lo que hacen todas las marcas: más que vender cosas (que también) venden estilos de vida con los que identificarse
[enero 2004]
Los límites, todos, tienen que ver con cómo se llega hasta ellos, con lo que se hace antes de encontrártelos; los límites derivan, pues, de la naturaleza de los procedimientos empleados.
Bien, YOMANGO cree firmemente en la libertad de las prácticas. Sabe que lo cotidiano está sembrado de maravillas y que detrás de las cosas hay un movimiento sin tregua que nos está llamando, aunque el ruido de la tele o el de los coches, o el ruido de un centro comercial en hora punta no nos deje oirlo.Algo que nos llama desde detrás de las cosas, eso es YOMANGO. Para escuchar ese ruido secreto, para hacer que de verdad suene, debemos no sólo cambiar las cosas, también hay que usarlas, hacer que se muevan. Quizá por eso nos gusta decir que YOMANGO es "movilidad táctica". YOMANGO fuerza las cosas hasta que se salen, hasta que se mueven de un sitio a otro, de un sitio que nunca es el suyo a otro que es el de nadie. Las cosas, igual que yomango, pertenecen a todos, no son de nadie. Las cosas, aunque nos quieran hacer creer lo contrario, no son. Se hacen. Así son las cosas.
"Si no queda satisfecha le devolvemos su dinero". Mentira. YOMANGO no se cree ni una palabra. El dinero nunca es tuyo, si no, mira la crisis argentina, y satisfecha hace tiempo que dejaste de estar, tanto que ya casi has olvidado qué se sentía. YOMANGO te devuelve el disfrute, el deseo, la felicidad. De verdad, YOMANGO te hace sentir más joven; quizá por ello mucha gente piensa que "eso de mangar es de adolescentes" y lo es, pero no sólo, también es de todos aquellos que no envejecen al ritmo que el capitalismo impone, el ritmo del trabajo. Tic-tac, tic-tac. Kit-Kat, a no ser que lo mangues, ni te evade, ni te transporta, ni sabe a nada. YOMANGO sí que es un paréntesis en tu aburrido día laboral.
Si no estás conforme, que no lo estás, si piensas que esa "sensación de vivir" ni se siente ni se vive, o que ese "cerca de ti" te aleja de todo, si eres, en definitiva, de las que eluden las verdades impuestas...chica, YOMANGO es tú marca. "Porque tú lo vales".