[junio 2002]
Se trata de inventar nuevos gestos
Que, en su repetir, abran
nuevos mundos en los que habitar.
YOMANGO
La situación actual nos lleva a gran parte de la sociedad, cada día más excluida, cada día más perseguida, cada día más pobre, a vivir precariamente en cada vez más aspectos de nuestra vida. Ya no somos precarios sólo en nuestro trabajo, toda nuestra vida se rodea de esa sensación de precariedad. Es un circulo vicioso hacia el cual cada día más personas nos vemos abocadas; precariedad en el trabajo; aumento del precio de la vivienda, sólo con fines especulativos; cada día más necesidades creadas por el mercado que te ofrece algún objeto nuevo y necesario sin el cual nos sentiremos más excluidos. Una situación que da para pocas alegrías. Y es que, ¿no nos las merecemos?
El control establecido por la UE, como un manto pesado que nos cubre, la guerra global proclamada a los cuatro vientos -que nos convierte, además de pobres y precarios, en sospechosos de todo, más aún si somos migrantes- nos deja inmóviles con nuestro lastre cotidiano. Una situación que da para pocas respuestas. ¿O tal vez la solución sea más fácil de lo que parece?
La desobediencia es una de las mejores maneras de las que disponemos para liberarnos del pesado manto del control. Desobedecer es legitimar nuestra existencia, legitimar nuestra vida y hacernos responsables de ella y de nuestros actos. Pero es una herramienta a la que tenemos que dar forma entre todos y todas, crear los mecanismos que hagan de la desobediencia algo cotidiano en nuestra vida. Una herramienta que nos constituya en cuerpos desobedientes, para que nuestros gestos cotidianos configuren una fuerza creadora y nueva.
Pero no nos podemos quedar sólo en decir: "desobedezcamos". Tenemos que crear entre todos formas cotidianas de hacerlo, herramientas cotidianas, fáciles de usar, que nos alegren la vida y provoquen a los que nos provocan.
YOMANGO es un proyecto de desobediencia cotidiana. Manguemos en esas grandes cadenas que nos encadenan, que especulan en la bolsa, que trafican con armas y con vidas, y que nos obligan a comprarles a precio de oro el fruto del esfuerzo de manos esclavas, de cuerpos sensibles y mentes inteligentes. Manguemos para hacer la compra diaria, manguemos la ropa que nos gusta y nos hace sentirnos guapos -¿o es que no podemos sentirnos guapos?-, manguemos esos objetos que nos alegran un poco más la vida, hagámoslo solos o en compañía, con público o en privado, acostumbrémonos a utilizar esos gestos cotidianos que abran nuevos mundos en los que habitar.
YOMANGO es un proyecto de libre circulación de personas y de los objetos que ellas quieran utilizar, compartir, regalar, o simplemente mangar. La felicidad es difícil de definir, sobretodo cuando una es pobre. Los espacios públicos cada día más se ven reducidos a calles comerciales o grandes centros comerciales, asépticos, donde la uniformización de la sociedad por cánones marcados por la moda y el consumo hacen que sea mucho más visible nuestra condición de precariedad, de migrante. Centro comerciales que concentran en su interior el consumo y espacios de ocio y cultura; cadenas de librerías, cadenas de cines, restaurantes. YOMANGO abre una posibilidad de utilización diferente de estos espacio. En el momento que entras en un centro comercial con una intención diferente a la de comprar te conviertes en un actor gozoso que interpreta un personaje de comprador, la visión del espacio cambia totalmente y por tanto su utilización. Esto puede llegar a liberar totalmente el espacio, utilizándolo para lo que quieras, sobretodo si tu actividad se desarrolla en grupo. Liberar los espacios públicos, reclamando su gratuidad, su utilización como espacio público en un sentido real, sentir la libertad de crear nuevos usos, nuevos mundos.
El robo en centros comerciales no es algo nuevo, por lo que el aspecto final de YOMANGO no lo es. Si YOMANGO fuera solo una campaña de robo en grandes superficies sería un concepto superfluo. La diferencia estriba en que YOMANGO cumple y desarrolla varias funciones: es una propuesta con su argumentación teórico-política de confrontación, de desobediencia a los esquemas impuestos por el consumo, reapropiándonos de los logos y la cultura que las grandes cadenas difunden para gestionar nuestras necesidades y deseos.. Como marca comercial ,YOMANGO tiene sus catálogos, sus anuncios publicitarios, sus campañas de temporada, pero no vende nada de nada. No produce ningún objeto. YOMANGO sugiere una forma de vida, esta diseñado para que cualquier persona o grupo se reapropie de él, como quiera, donde quiera, transformándolo, plagiándolo, ampliándolo. Se trata de una libre circulación de ideas que en su evolución cotidiana nos hará más libres.
YOMANGO
En tu centro comercial habitual.