[enero 2004]
"Atención: esto no es lo que se ve, sino lo que hay detrás”
Si buscas YOMANGO en un sitio, nunca lo encontrarás. YOMANGO no está ni estará establecido; YOMANGO no para. Anda de aquí para allá, está en todas partes. Allí donde el capitalismo amplía su terreno abriendo centros comerciales o conquistando tus deseos, allí estará siempre YOMANGO.
YOMANGO es móvil, no tiene un espacio propio, YOMANGO se mueve en el lugar del otro. Como está desprovisto de las estrategias del fuerte, las de ese que es propietario de todo el teatro donde opera el mercado, a YOMANGO sólo le queda la práctica de la desviación en el uso de los productos, que no es poco, ser una microresistencia, que se empeña en invertir los códigos que el capitalismo inserta en nuestras vidas.
YOMANGO no es los productos, ni las cosas, YOMANGO es los usos y sus operaciones y encadenamientos y las trayectorias cambiantes de quienes los practican. Es, en definitiva, la proliferación diseminada de creaciones anónimas que hacen vivir y que no se capitalizan.
YOMANGO moviliza recursos insospechados, esos que están ocultos en la gente ordinaria, y desplaza, de esta manera, las fronteras verdaderas de la influencia de los poderes sobre la multitud anónima.
A YOMANGO poco le interesan los productos más o menos culturales ofrecidos en el mercado de bienes, Él está por las operaciones que hacen uso de ellos, es decir, la cultura común y cotidiana en tanto que ésta –y YOMANGO sabe lo que dice- es apropiación, es reapropiación, es un toma y dale que pasa de mano en mano.YOMANGO, como ya habrás podido comprobar, también es disfrute. Un disfrute que, como siempre que uno se emancipa del valor de cambio, es subversivo. YOMANGO: la subversión de los más débiles.
Con YOMANGO no necesitas comprar nada, tan sólo has de ser YOMANGO. Esto es muy importante, ya que es en esta cualidad donde reside, precisamente, el mayor temor de las multinacionales que tan a gusto acabarían con YOMANGO. Éstas no pueden soportar que YOMANGO sea una marca para los que no encuentran su sitio en el mercado, ¡en el libre mercado!, que sea una manera de vivir, un modo de vida, que no depende de la novedad ni de la cantidad ni de los tontos por ciento, ni por supuesto soportan que se dedique a robar la felicidad, tu felicidad, esa que ellos quieren comprar a toda costa.
YOMANGO: tras algún signo de vida voy.