Yomango anda en la Búsqueda

YOMANGO ANDA EN LA BÚSQUEDA.
Julio 2003. Barcelona.

Hay algunos locos que afirman que hoy el lugar del trabajo ha desaparecido y que además, lo ha hecho dentro de las formas prescritas por el sistema social basado en el trabajo asalariado. O sea, que el trabajo se ha perdido en el paisaje que él mismo pintó, que es como si un mago hiciese desaparecer su barita mágica y que por eso no podemos dejar de currar aunque el trabajo, efectivamente, ya no exista.

Hay algunos locos que sostienen que si ya no percibimos con claridad los contornos que antes nos hacían distinguir entre tiempo de ocio (tiempo libre que se dice) y tiempo de curro es porque TODA LA VIDA SE HA PUESTO A TRABAJAR. O sea, que si no entiendo mal, ahora cuando paseamos por ahí, cuando vamos de compras o al cine e incluso cuando hacemos el amor estamos, aun sin saberlo, produciendo y que si así es, deberíamos cobrar por ello, ¿no?.

Hay algunos locos�¡y qué razón tienen!

Es verdad que el trabajo, es decir lo que por trabajo se entendía hasta hace bien poco, no ocupa ya la totalidad del tiempo de nuestra vida, ya no es una cadena perpetua, y no lo es porque ahora cuando la jornada laboral termina y salimos del curro ya no significa que nuestra labor, nuestra producción, termine también ahí. Hoy, efectivamente, toda la �socialización extralaboral� se ha puesto a trabajar. Como os podréis imaginar, esta �nueva� situación no es para dar saltos de alegría que se diga, al menos no para los que, como nosotros, preferimos la vida antes que el trabajo, o sea, para todos los que hace tiempo que estamos inmersos en esta eternidad precaria, en este estilo de vida que entre otras cosas, destruye la esfera laboral como ámbito privilegiado de la socialización y como lugar de adquisición de una identidad política (afortunadamente), y que, sin embargo, socializarnos, es decir, estar con los demás para sentirnos vivos, sigue siendo una necesidad; para todos nosotros, está empezando a ser urgente, mejor dicho, no nos queda más remedio que buscar otro espacio, otro lugar.
�Indicar el lugar de algo que puede llegar�, quizá sea esa la práctica política más importante hoy , que no es mucho pero es lo que hay.
De momento, la socialización que el capitalismo postfordista nos ofrece es un ámbito descompuesto destinado a conseguir el disciplinamiento de los cuerpos que ya no proporciona la relación de trabajo. Un espacio de �tiempo libre� donde el consumo sea la única actividad (si es que nos podemos referir al cosumo en términos de actividad) posible, y que ese consumir sea la única manera en la que producimos, que sea nuestro trabajo, que sea nuestra vida, que sea.
¡Ni hablar!. ¡Nosotros por ahí no pasamos!. Pero�¿cómo no pasar por el aro cuando el aro parece haberse convertido en el único mundo en el moverse, en el único mundo por el que pasar?. Difícil cuestión y más difícil aún respuesta.

�No hay lugar para el temor ni para la esperanza, sólo cabe buscar nuevas armas�. YOMANGO anda en la búsqueda.
Hace ahora dos años se presentó en Barcelona una marca poco habitual. Su nombre YOMANGO y el estilo de vida que ofrece*, como su propio nombre indica es el Mangoneo, es decir apropiarse de las cosas que venden las multinacionales sin dinero ni tarjetas, sin ni siquiera pasar por caja.
A primera vista, esto pudiera parecer confuso y hacernos creer que de lo que se trata es de acumular objetos y seguir así, por otros medios, la lógica que el capitalismo impone. Nada más equivocado. YOMANGO no busca las cosas, sino la búsqueda de las cosas. El único interés que YOMANGO tiene por las cosas (por los productos) es hacer que algo pase entre ellas, forzarlas hasta convertirlas en algo distinto, en algo que ya no tenga que ver con esa producción de vida destinada al consumo, sino con la invención de posibilidades de vida. Crear es transformar profundamente lo que se recibe, por eso YOMANGO se sale del círculo cerrado de la producción-consumo para saltar al campo de la reapropiación, de la captura, y hacer de este impulso un movimiento, un �modo�, un arte.
Es verdad que en el mundo capitalista en el que nos movemos, las relaciones sociales realmente existen como relaciones entre cosas, y las relaciones entre sujetos realmente existen como relaciones entre objetos, pero también es verdad que cada vez que un niño coge unos dulces de un comercio sin darse cuenta de que debe pagar a cambio, el valor como forma de relacionarse con el otro está en discusión, se convierte en objeto de lucha.
El arte de YOMANGO precisamente consiste en transformar esos actos cotidianos, en una práctica consciente, en una �manera de hacer�, en una herramienta política que demuestre que aunque no podemos existir fuera de las formas capitalistas (de momento), tampoco existimos simplemente como víctimas objetivadas del capitalismo. YOMANGO sabe bien que no hay que crear formas nuevas, que todos los elementos para una vida libre (pero libre de verdad, no una de �tiempo libre�), están ya presentes, tanto en la cultura como en la técnica y que tan sólo hace falta cambiar su sentido y componerlos de modo diferente para terminar así con este intercambio de mercancias sin fín que parece haberse convertido en el único vínculo social posible.
De momento es aquí donde estamos, en la búsqueda de medios prácticos para la realización de semejante programa. Casi nada.

YOMANGO anda en la búsqueda. YOMANGO es una intuición.

*porque eso es lo que hacen todas las marcas: más que vender cosas (que también) venden estilos de vida con los que identificarse